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Las personas con visión defectuosa los llamaron "ante-ojos" y los juzgaron hermosos y los llevaron gustosos en el rostro, a pesar de ese aspecto de cangrejo de dos patas, agarrándose de las orejas, abrazando la cabeza de los agradecidos hombres de corta vista.
Las cacerías eran a caballo, y ahí está mi fotografía, tal vez de seis o siete años, en una de esas cabalgaduras estragadas por la noche de caminar en las montañas.

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